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José Yañez, Director  Centro de Estudios Tributarios, Facultad de Economía y Negocios, Universidad de Chile, Diario El Pulso

 La propuesta tributaria de la candidata Michelle Bachelet cumplió con lo que se preveía: la eliminación del Fondo de Utilidades Tributables (FUT) en un plazo de 4 años, aunque sin tocar su registro histórico. E inmediatamente se hizo cargo del mayor temor de los empresarios, el desincentivo a la inversión ¿Cómo? con un mecanismo alternativo: la depreciación instantánea.

Se veía venir. Luego de varias sinopsis acerca de los lineamientos de la reforma tributaria que propondría la candidata Michelle Bachelet, finalmente se confirmó que en su diseño se elimina el Fondo de Utilidades Tributables, más conocido como FUT.

Pero no por ser algo que se esperaba deja de ser menos impactante, puesto que se trata, a juicio de los expertos, de un cambio estructural respecto de la forma de tributar de las empresas desde 1984.

En sencillo, el FUT permite que los socios o dueños de empresas sólo tributen por los retiros de utilidades que efectúen, con el objetivo de que las reinviertan. La estimación sobre estos recursos acumulados es de $64 mil millones a 2010, de los cuales, poco más de $32 mil millones están registrados en Sociedades de Inversión, lo que le convirtió en foco de las críticas.

De acuerdo a la propuesta de Bachelet  este mecanismo se elimina y pasa a una base devengada, que en definitiva no es más que el que las utilidades percibidas por los socios o dueños de una empresa deberán tributar íntegramente, lo que se implementará a partir del cuarto año de la reforma. Es decir, recién la administración que gobernará entre 2018 y 2022 verá el impacto del cambio en términos de recaudación, que se estima en 1,92% del PIB (ver tabla).

Respecto del FUT histórico, se propone mantener la regla impositiva vigente, o lo que es lo mismo, toda utilidad registrada hoy en el libro de control, seguirá sin tributar hasta que sea retirada. O lo que es lo mismo, habrá un período importante de tiempo en que coexistirá para las empresas una tributación con y sin FUT.

Todo esto se dará en un marco en que la tasa para el impuesto de primera categoría pasa, en los mismos 4 años, desde 20% a 25%, que se mantiene como crédito para el global complementario y que en el último tramo de ese gravamen, la tasa baja desde 40% a 35%.

¿QUÉ PASA CON LA INVERSIÓN?

El FUT siempre ha sido entendido -y defendido- como un instrumento que permite la reinversión al interior de las empresas. Su eliminación entonces, pondría en riesgo el crecimiento y desarrollo de las empresas.

Bachelet se hizo cargo de esos cuestionamientos y antes de que se levantaran nuevas críticas a su diseño, planteó un mecanismo alternativo: la depreciación instantánea, que vendría a reemplazar la función del FUT una vez que éste se elimine como mecanismo para la reinversión.

De hecho, la propuesta plantea que apenas el Fondo se elimina , comienza la aplicación de la depreciación.

Este mecanismo es un viejo conocido del gobierno de Bachelet y su historia es poco feliz. En 2007 el entonces ministro de Hacienda, Andrés Velasco, propuso el mecanismo acelerado al Congreso, y la Alianza, con votos de algunos senadores oficialistas, le dio un portazo a la idea que quedó guardada en un cajón (ver recuadro).

Actualmente la depreciación instantánea existe como uno de los beneficios del 14 ter al que pueden optar las pymes. El planteamiento de Bachelet es generalizar su uso.

Pero, ¿es un eficiente reemplazo del FUT para promover la inversión? En este punto, los expertos discrepan.

Para el abogado Juan Pablo Cabello, de Cabello, Letonja y Cía, se trata más bien de “un tema temporal, no es un beneficio tributario especial a la inversión, sino más que nada, adelantar ese gasto tributario”.

En esa línea, Francisco Klapp, economista de Libertad y Desarrollo, advierte que “es un sustituto muy malo del FUT, porque sólo reconoce que se reinvierte en maquinaria: es una visión muy antigua de la empresa”.

Agrega que no considera que “hay plata que se deja en la empresa y que no se retira, como capital de trabajo para comprar inventarios, activos financieros, etc”.

Por ello, señala que “va a tener un efecto no secundario en la inversión porque la tasa sobre el capital va a ser más alta y el retorno que va a exigir es el mismo: la plata busca los mejores retornos”.

En esa línea, advierte que “acá además hay un incentivo a retirar más que a generar más empleo o más trabajo”.

Es que en un ejercicio simple de tributación sin FUT -explica el socio de Tax and Legal de PwC, Marcelo Laport- “si genero $100 de utilidad y soy el dueño, como empresa pago $25 y como empresario pago $36 del global complementario, es decir, tengo que pagar $11, considerando el crédito. ¿Qué sucede si como dueño no reparto utilidad? Debo pagar los $25 y además los $11 y ese es el cambio más grande en el sistema”.

Laport enfatiza que el uso de la depreciación instantánea terminará enfocándose en “las empresas que  invierten en activos fijos, le sirve a los sectores productivos que hacen grandes inversiones”, mientras que aquellas que no lo son, como servicios financieros, no podrán utilizarla.

Una visión diferente tiene el académico y director del Centro de Estudios Tributario de la U. de Chile, José Yáñez.

A su juicio, “la depreciación instantánea es un incentivo que apunta a la inversión real y que permite recuperar como costo el mismo año que se hace. Además, tiene la facultad que impide que los recursos se vayan para otros fines no necesariamente de la inversión real, por ejemplo, la inversión financiera que apunte al consumo”.

En ese sentido, puntualiza que “al buscar el fomento de la inversión en la empresa, impulsa a que haya más producción y generar más empleo”.


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