José Yáñez, Director del Centro de Estudios Tributarios de la Universidad de Chile, Revista Dinero.

La discusión sobre eliminar el Fondo de Utilidades Tributables (FUT) no es fácil de resolver. Principalmente, porque se mezclan objetivos económicos diversos con intereses de diferentes grupos políticos, sociales y empresariales.

 

El FUT es un registro cronológico de utilidades tributarias retenidas en la empresa y pendientes de los impuestos personales. Estos valores dan cuenta del costo fiscal asociado al diferimiento de la tributación de las rentas y de los incentivos vinculados. En Chile, las utilidades devengadas de las empresas -retenidas más retiradas- están afectas al “impuesto de primera categoría”. Luego, las utilidades retiradas -de las empresas- pasan al impuesto global complementario (impuesto sobre el ingreso personal) junto a todos los demás ingresos que perciba el contribuyente persona natural; y del impuesto bruto determinado, se deduce el impuesto de primera categoría, pagado sobre las utilidades retiradas.

 

Es decir, existe perfecta integración entre el impuesto de primera categoría, pagado sobre las utilidades retiradas, y el impuesto global complementario. Las utilidades retenidas en la empresa no se incorporan en la declaración del impuesto global complementario de los dueños hasta que son retiradas en el futuro, siendo registradas en el FUT a la espera de su retiro. Se trata entonces de un incentivo a la retención de utilidades que genera ahorro para que las empresas financien proyectos de inversión real, aunque también pueden terminar como inversión financiera.

Por lo tanto, hablamos de incentivo económico, dado que los empresarios pueden diferir el pago del impuesto a la renta cuando las tasas medias son mayores a las del impuesto de primera categoría. De esta manera, los empresarios o compañías obtienen recursos para ahorrar e invertir en empresas o en otros negocios.

¿Pro equidad o pro crecimiento?

En la discusión sobre la eliminación del FUT destacan dos posturas: aquellos que desean alcanzar un sistema tributario pro-equidad y los que buscan mantener un sistema tributario pro-crecimiento.

Los primeros defienden la eliminación del FUT porque consideran que constituye una importante erosión en la base del impuesto a la renta, lo cual impide que -en cada momento del tiempo- cada cual pague según su capacidad (nivel de ingreso). Así, el impuesto a la renta deja de ser equitativo, horizontal y verticalmente. ¿La razón? Al eliminarse el FUT, las personas que tienen un mismo nivel de ingreso deberían pagar la misma cantidad de impuestos (equidad horizontal), y quienes tengan distintos niveles de ingresos, pagarían impuestos en proporción directa a los ingresos que tienen (equidad vertical).

En ese sentido, se plantea que -si bien el crecimiento ha mejorado en términos absolutos- la situación de los pobres ha incrementado las diferencias entre los ingresos mayores y menores, sin considerar que además los beneficios del crecimiento tardan mucho en llegar hacia los más necesitados. Por ende, habría que actuar mediante políticas sociales para emprender proyectos que tiendan a reducir las brechas de ingresos, abriéndose, de paso, otro espacio de discusión, sobre las políticas que se deberían aplicar para alcanzar el objetivo. No obstante, entre los mismos partidarios hay diferencias y disputas.

Según la estimación de los gastos tributarios para el año 2013 -realizada conforme a la metodología tradicional por el SII-, el monto de ingresos que el Estado deja de percibir por concepto de rentas empresariales retenidas (que no pagan impuestos) alcanzaría un 1,78% del PIB o US$4.931 millones.

La postura pro-crecimiento

En tanto, los partidarios pro-crecimiento sostienen que el FUT no debe ser eliminado, pues ha estado asociado con una importante generación de ahorro e inversión para nuestro país. No hay que olvidar que el ahorro es una de las principales fuentes de financiamiento para la inversión.

Cuando el FUT se implementó -a principios de los años 80-, Chile tenía una tasa de ahorro muy baja, y su aplicación permitió con posterioridad que las empresas lograran aumentar su tasa de ahorro. En otras palabras, con la implementación del FUT aumentó el stock de capital y también la producción de bienes y servicios, generándose más puestos de trabajo e incrementándose la tasa de crecimiento de Chile. En consecuencia, se generaron más recursos impositivos para el Estado, en virtud de sostener una política de gasto social focalizada a los más pobres.

Ya cuando el país creció a tasas del orden del 7% real anual, la pobreza se redujo en forma sustantiva, pero la diferencia de ingresos entre sectores sociales no varió en la dirección de más igualdad. El pronóstico del sector pro-crecimiento es que: al eliminar el FUT, se desalentará el ahorro y la inversión, y se reducirá la tasa de crecimiento, lo que podría afectar negativamente la solución de los problemas sobre inequidad en la distribución.

Planteadas las ideas generales que han abierto el debate en torno a la eliminación del FUT, cabe preguntarse, entonces, cuál es el objetivo fundamental que deberíamos atender sobre el sistema tributario chileno después de satisfacer su función recaudatoria y reguladora.

Según los objetivos

Si el objetivo es la equidad en la acción del Estado, ya sea desde la perspectiva de la recaudación como del gasto, deberíamos contar con un impuesto a la renta, dotado de una estructura de tasas impositivas progresivas y sin erosiones en su base, más un gasto focalizado en los más necesitados y en la promoción de la movilidad social. En cambio, si se busca que el Estado se preocupe de manera importante del crecimiento económico, entonces, deberíamos contar con un impuesto cuya base sea el gasto en consumo, y el gasto de estos recursos debiera estar muy focalizado en los más necesitados. Una contribución a la equidad sería transformar el impuesto a la renta en un impuesto progresivo sobre el gasto en consumo, algo que -en cierta e importante medida- ya se tiene, dadas las actuales erosiones del impuesto a la renta, incluido el FUT.

Como ya lo advertía, la discusión sobre eliminar o no eliminar el FUT no es fácil, pues hay buenos argumentos a favor y en contra, y espero no haber influido en ninguna posición sobre el tema. No obstante, la decisión la tienen los ciudadanos, cuando, próximamente, en una cámara de sufragio y con lápiz en mano, marquen la opción que mejor les parezca.


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