José Yañez, Director  Centro de Estudios Tributarios, Facultad de Economía y Negocios, Universidad de Chile, La Tercera

La próxima semana comenzará a trabajar la comisión de expertos que entregará al gobierno su propuesta para introducir impuestos a los alimentos con exceso de azúcar. El debate no será fácil, considerando las implicancias económicas y sanitarias de un mercado de US$ 700 millones anuales.

Cada chileno consume anualmente alrededor de 38 kilos de azúcar. Y si bien la ingesta de este producto va a la baja, uno de los objetivos del gobierno es que disminuya todavía más para reducir las enfermedades relacionadas con su ingesta, como la obesidad, enfermedades cardiovasculares y diabetes, entre otras.

Por eso y en el marco del acuerdo de protocolo de la reforma tributaria, el Ministerio de Hacienda, en conjunto con la cartera de Salud conformarán una comisión técnica, cuyo principal objetivo será entregar -en un plazo de 60 días- una propuesta para gravar en forma especial a los alimentos elaborados que contengan un alto contenido de este ingrediente.

El debate se prevé duro y complicado, ya que no hay evidencia de que un solo impuesto baste para modificar la conducta del consumidor.

Hace algunas semanas, el Ministerio de Salud propuso vincular este debate al reglamento de etiquetado de alimentos -cuya consulta pública finaliza el 19 de octubre- que define como con “exceso de energía” a los alimentos que contengan más de 275 calorías por kilo. Un yogur batido saborizado promedio contienen 150 calorías por kilo.

Mientras, el Ministerio de Hacienda comenzó a definir qué expertos integrarán la comisión, cuyo trabajo técnico comenzaría la próxima semana.

Liderada por el coordinador jurídico de esa cartera, Fernando Dazarola, en la comisión también estarán los doctores Cecilia Castillo, Samuel Durán Agüero (presidente del Colegio de Nutricionistas), Tito Pizarro (jefe de la División de Políticas Públicas Saludables y Promoción Minsal) y Ricardo Uauy, premio nacional de Ciencias Aplicadas y académico del Inta.

20% de impuesto

Según el acuerdo político que viabilizó la reforma tributaria, la comisión de expertos deberá presentar a las comisiones de Hacienda y Salud de ambas cámaras del Congreso un informe con sus propuestas.

Sin embargo, diversos actores del mercado vaticinan que uno de los principales obstáculos que deberá resolver este grupo de expertos será el consenso sobre la efectividad del impuesto.

Según el presidente del Colegio de Nutriólogos de Chile, Samuel Durán, el tributo “debe ser sobre el 20% para realmente producir un cambio en la conducta, especialmente para las personas con menos recursos, que son las más afectadas” con las enfermedades producidas por la ingesta excesiva de azúcar.

Pero el director académico del Centro de Estudios Tributarios de la Universidad de Chile, José Yáñez, advierte que antes de determinar la tasa del gravamen es necesario considerar las consecuencias del consumo excesivo, medir su daño y definir un impuesto que recaude los recursos necesarios para cubrir estos costos. “La base de este impuesto debe ser gravar el azúcar, de tal forma de encarecerla e incentivar a los empresarios que la sustituyan por otros insumos más sanos”, precisa y aclara que es muy difícil gravar los productos elaborados.

“Existe preocupación respecto de las consecuencias que conlleva aplicar mayores impuestos a los alimentos, pues está demostrado que estos tienden a ser ineficientes y regresivos”, añade Rodrigo Alvarez, presidente del gremio alimentario AB Chile y abogado tributarista.

La pediatra especialista en alimentación, Cecilia Castillo, sostiene que “este impuesto debe estar relacionado con el contenido de azúcar de los productos y el volumen de consumo, porque si no va a pasar lo que ocurrió con las bebidas, que quedó mal y el riesgo más probable es que el impuesto no sirva al objetivo de la salud pública y se vuelva regresivo. Hay que hacer un estudio súper serio para que el impuesto de verdad tenga efectos en la salud pública”, explica.

Susana Jiménez, economista de Libertad y Desarrollo (LyD), explica que es necesario evaluar bien cuáles son los reales efectos que produce este tipo de tributación. “Hay que pensar lo que se quiere lograr con una estructura de precios relativa. Manejar las conductas a través de la variación de precios relativos es muy difícil y si, además, esto tiene un costo de salud, habría que demostrar muy bien los efectos que tienen los malos hábitos de consumo y eso es muy complicado”, sostiene.

Al interior del Minsal reconocen que no existen concluyentes estudios sobre la realidad chilena, por lo que se espera definir al interior de esta comisión la elaboración permanente de encuestas de salud y consumo, para hacer una completa evaluación sobre los efectos de esta política pública.

US$ 700 millones

En Chile, las industrias de alimentos y bebidas utilizan el azúcar como uno de sus principales ingredientes. Además del dulzor, el compuesto aumenta la durabilidad de los productos y potencia su sabor. En menor medida son utilizados otros endulzantes, como la glucosa, fructosa y edulcorantes calóricos.

En total, de las 760 mil toneladas que se consumen al año, las embotelladoras compran el 56%, mientras que la industria de alimentos otro 29,9%. El 14% restante se lo llevan a casa las familias chilenas.

Se trata de un mercado de US$ 700 millones, cubierto en su mayoría por importaciones (500 mil toneladas) y producción nacional (300 mil toneladas).

Desde el 1 de octubre pasado, las bebidas azucaradas pagan un impuesto de 18%. Antes era de 13%, pero con la reforma tributaria la tasa subió esos tres puntos porcentuales.

Según cifras de la Asociación Nacional de Bebidas Refrescantes, Amber, el consumo total de gaseosas, aguas, jugos y néctares, bebidas para deportistas y bebidas a base de té alcanzó a 2.815 millones de litros en 2013. La cifra representa un crecimiento de 4,7% respecto del año anterior. Parte importante de esos productos contiene azúcar entre sus ingredientes.

El azúcar chilena proviene de las casi 18 mil hectáreas de remolacha sembradas entre las regiones VII y VIII, que dan trabajo a cerca de 1.000 agricultores. Por eso, el sector ve con preocupación esta mayor tributación. “Sería una debacle para nosotros, si además de las bebidas aumentan el impuesto de alimentos con azúcar ”, precisa José Guzmán, presidente de la Federación Nacional de Remolacheros (Fenare).

A nivel político, varios parlamentarios de esas zonas han manifestado sus reparos a la iniciativa, puesto que cualquier impuesto que afecte directa o indirectamente la producción de azúcar podría golpear el empleo.

Niños y mujeres en riesgo

Sin embargo, la postura del gobierno ha sido clara en que se necesita disminuir la ingesta excesiva de azúcar en el país.

El mismo ministro Alberto Arenas dijo durante la tramitación de la reforma tributaria, que por primera vez se está gravando a las bebidas azucaradas, destacando la creación de la comisión de expertos.

Además, en el Congreso, un grupo de diputados oficialistas, como Daniel Farcas (PPD), Gabriel Silber (DC), Manuel Monsalve (PS) y Alberto Robles (PRSD), está proponiendo aumentar hasta en 30% los impuestos a los alimentos ricos en sodio y en azúcar.

En la Nueva Mayoría citan los últimos estudios del Inta de la Universidad de Chile como la principal razón para aplicar el impuesto: el consumo de alimentos densamente energéticos, generalmente altos en grasas y azúcares, produce riesgo de enfermedades como cáncer y presión arterial elevada.

Según datos del Minsal, un 22% de la población nacional padece de obesidad y el 38% está con sobrepeso. Además, según la Junaeb, un 20% de los niños de primero básico también están afectos.

La Organización Mundial de la Salud también da cuenta de esta preocupación, reduciendo la recomendación del consumo máximo de azúcares totales desde un 10% a un 5% per cápita diario, a principios de este año, para combatir la obesidad.

Ello, pese a que el consumo de azúcar ha caído. Según el estudio de Consumo Aparente en Chile, elaborado por la Odepa, la ingesta cayó 0,9% en promedio anual en los últimos cinco años, desde 46,5 kilos por habitante. Esto se debe principalmente al mayor consumo de endulzantes sustitutos, ya sea artificiales o naturales, que se explica por la ingesta de productos más sanos o light.

En la industria también se ha producido el mismo efecto, donde los endulzantes sin calorías naturales o químicos ya representan el 30% del consumo total, según explican. La comisión tendrá la tarea de definir el tributo. Un debate poco dulce.


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