José Yáñez Henríquez, Director Centro Estudios Tributarios, Universidad de Chile.26/04/2010.Diario Estrategia.

Una reforma tributaria podría tener como fin alcanzar un sistema que no atente contra el crecimiento económico. Cuando el país crece la recaudación del sistema tributario aumenta sin necesidad de incrementar las tasas de los impuestos vigentes o crear otros nuevos. Chile es un gran ejemplo al respecto, particularmente en el período 1987-1997. El principio del crecimiento económico plantea que un sistema tributario no debería reducir o impedir la capacidad productiva de la economía. No debería desalentar el ahorro, la inversión o la acumulación de capital, pues ello reduce a través del tiempo la generación de puestos de trabajo, de producción y de bienestar económico para la población.

Un impuesto a la renta, sin erosiones, castiga o desalienta el ahorro y la inversión realizada por los privados, reduciendo las posibilidades de conseguir un mayor bienestar económico en el futuro. Este efecto negativo a veces no se entiende muy bien, pues sus consecuencias indeseadas se reparten a través del tiempo futuro, y no tan claramente en el presente. El efecto se debe a que un impuesto a la renta produce un aumento en la tasa de interés que debe pagar el inversionista como costo del capital, lo cual reduce los deseos de invertir, pues menos proyectos de inversión aprueban el análisis beneficio-costo. Por otra parte, el impuesto reduce la tasa de interés que los ahorradores reciben como pago por su decisión de posponer su consumo en el presente, desalentándose el ahorro.

Los impuestos a la renta aplicados en la vida real son todos con erosiones importantes en la base. Muchas de estas erosiones se justifican como mecanismos para corregir los efectos desalentadores sobre el ahorro y la inversión.¿Existe un impuesto que sea neutral con respecto a la decisión ahorro-inversión? La respuesta es sí. Un impuesto al gasto en consumo no grava el ahorro o alternativamente el retorno sobre el ahorro, por lo tanto, no distorsiona la tasa de interés para los inversionistas y los ahorradores. Por ello, en términos relativos, para ser más amigables con el crecimiento económico sería preferible un impuesto al gasto en vez de un impuesto a la renta.

José Yáñez Henríquez
Director Centro Estudios Tributarios
Facultad Economía y Negocios
Universidad de Chile


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